lunes, 25 de marzo de 2013

Cosas sobre mi (+ fotos)

Ahora estaba pensando muchas cosas sobre mi vida, me encuentro en una ligera depresión y sentía un poco de impotencia hacia todo y luego recorde que es el internet y recorde mi blog. Aqui nadie me conoce en persona, nadie de mis amigos o familia sabe de mi blog (exepto una amiga que sabe TODO de mi así que no me molesta) entonces... pense en decir cosas de mi que nadie sabe así que...

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(Mi gato y yo :D)


Mi nombre: (Por motivos ovios no dire mi nombre completo) O. Abigail Alarcon O. (Solo Jeny y Anita saben mi nombre completo)

Ojos: Cafe muy oscuro casi negro :)

Piel: Clara... o blanca no se yo digo que soy morena MUY clara y otros que soy blanca... bipolar hahaha.

Cabello: No se, es extraño cuando era niña era como entre castaño y rubio como color miel, despues castaño oscuro casi negro después castaño oscuro/claro y ahora es cataño rojizo y no, no me lo he pintado, ammm lo tengo largo y amo peinarme haciendome ondas :)


(Así solo que eso es de hace como un año ahora lo tengo como rojito y ahí se ve más oscuro)
(Así se veía en la luz... ahora repito es como castaño rojizo :D)



Algo que amo de mi, fisicamente: Estoy entre mis ojos y mi sonrisa... no se la Anita dice que tengo una sonrisa colgate y unas amigas que tengo pestañas de comercial hahaha que con una capa de rimel o mascara se ven falsas ademas con mis ojos casi negros :S... mmm me quedo con ambos




Algo que odio de mi, "    "    "   ": Siempre digo que ya me siento bien con mi cuerpo pero si pudiera cambiar mis piernas... lo haría :/

Mi más grande miedo: El fracaso, ese es mi miedo.

Mi peor golpe o caída: Fue jugando a la cola del diablo, un luego donde todos se toman de las manos y corren y bueno terminas en el suelo a veces, yo termine golpeando mi cabeza en el filo de la acera y necesite puntos ya que se me abrió y salia mucha sangre.

Mi fobia: Quedarme encerrada en un elevador o en un lugar pequeño, siento que moriría, soy claustrofobica, incluso en mi propio cuarto cuando tengo ventana y puerta cerrada (la otra vez que me dio uno Jeny pensó que bromeaba ¬¬)

Mi trauma: Puede que esto sea raro... pero le tengo miedo a los hombres... siento que todos son iguales y solo quieren hacer daño (esto debído a unas experiencias de mi infancia que más adelante contare), en los unicos que he confiado me han hecho daño, por eso casi no tengo novio ni me interesa mucho tenerlo.

La persona que más amo: Mi mamá, no puedo decir nada más, ella es la única que ha estado en todo, no necesito que me cuenten historias de como una madre saca fuerzas de donde sea para ayudar a sus hijos, mi mamá tiene un problema en el hombligo o algo así de cuando era más pequeña, ella no puede cargar cosas pesadas ya que puede traerle problemas, cuando yo tenia 6 años me puse mal de apendicitis, ella me cargo en brazos hasta el estacionamiento, lo cual son muchos escalones y poco más de una cuadra cargandome para llevarme al hospital ella sola. Así que... simplemente la amo.

Un momento de angustia: Presisamente ahora... desde el martes 19 que nos enteramos que mi sobrino tiene un soplo al corazón... el solo tiene cuatro años... lo estan llevando con varios medicos para que den dierentes puntos de vista pero aún persiste más la opción del soplo :/

Algo que casi nadie sabe: Yo sufrí de acoso sexual (o no se como quieran ponerlo ustedes) a los 6 y a los 12 o 13 años. La de los seis años fue un amigo de mi hermano, el tenia como 20 mientras yo tenía seis y intento violarme, jugabamos a las escondidas, eramos como 10 niños, yo estaba escondida detras de una casa y estaba oscuro y el me empezo a tocar y bueno... no entrare en detalles porque es doloroso solo recordarlos, no me alcanzo a hacer nada ya que escuchamos a un amigo que estaba buscandome, sigo agradeciendo a Dios que no haya tenido tiempo de hacerme nada (le hizo lo mismo a una amiga mía, la que les digo que sabe todo de mi, y creemos que violo a su hermano). La de los 12 o 13 era de un señor que me acoso por todo un año cuando yo salia a la escuela o llegaba a mi casa o salía a platicar con mis amigas el se paraba en la ventana y se masturbaba mientras me veía a veces también cuando estaba viendo el mar desde mi ventana, por suerte su esposa lo corrió de la casa y ya no sabemos nada de el, mi hermano le rompio los cristales de su casa una vez y mi papá casi lo mataba cuando se entero, a mi vecina tambien la veía así que sus papás y los mios ivamos a poner una denuncia pero desaparecio :/.

Una persona que me gustaría conocer o haber conocido: Mi hermano.

Mi sueño favorito: Cuando soñe con mi hermanito, nunca lo conoci, ni sabía de el en ese entonces ni hay fotografías pero soñe con el y cuando le dije a mi mamá como era, su descripción ella y mi papá incluso mis abuelos dijeron que si era mi hermanito es el único sueño que nunca he olvidado :).

Una pesadilla: Cuando mataban a mi abuela frente a mi... la peor pesadilla de mi vida, no pude dormir sola por una semana :/

Ahora... MUERAN DE TERNURA CON UNA FOTO MÍA A LOS 4 AÑOS uytdfybskdo lo se, era un amor :'D




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Todo lo que puse es 100% real... si no me crees... no me importa yo solo me quería desahogar y que supieran un poco porque soy tan rara (? hahaha

Bueno eso es todo bye comenten (no creo tener comentarios de todos modos) y si quieren haganlo ustedes :) se siente liberador BYE :D besoooootes.





jueves, 7 de marzo de 2013

El Impostor- Capitulo 10


Levantó la cabeza para mirarle a través de la extensión de hielo y nieve. Estaba de pie a la orilla del bosque, la luz de la luna recortaba su silueta, y no iba muy abrigado: iba sin guantes y con una fina chaqueta. No parecía tener frío.

Miley se hundió aún más en su abrigo de piel.

—Hace veinte años que no patino —respondió.
—Deberías intentarlo de nuevo —dijo él—. Quizá podría darte otra clase.

Seguro que se lo habían contado. No tenía por qué sorprenderse.

—No creo que necesite que me des ninguna clase de nada.
—Yo creo que sí —replicó él amablemente—. Necesitas clases para aprender a no preocuparte de nadie más que de ti misma. Necesitas clases para aprender a decirle a la gente que no te gusta que te manden a paseo. Necesitas clases para aprender a defenderte y no ser…
—Vete a la ****.

Podía ver su boca tremendamente sensual sonreír irónicamente.

—A lo mejor no necesitas aprender todo eso. ¿Qué te parecería a no desvivirte tanto por los demás? Te harán daño, Miley. Hasta un intruso puede percibirlo.
—¿Estás reconociendo que eres un intruso?
—Me he pasado dieciocho años fuera. Eso apenas me permite conocer con detalle el funcionamiento de esta familia; pero te diré una cosa: no has cambiado nada.
—¿Ah, no? —dijo ella sin moverse de donde estaba, en medio del hielo.

Nick  se aproximó a ella. Sus zapatillas de deporte estaban cubiertas de nieve, y se resbaló un poco sobre el lábil hielo. Parecía estar divirtiéndose.

—Sigues siendo aquella niña pequeña que apoyaba la nariz contra los cristales de los escaparates de las tiendas —afirmó él; su voz era fría e insensible como el sólido hielo que había bajo sus pies—. Sigues queriendo lo que no puedes tener.

Se estaba acercando a ella demasiado, pero se mantuvo impertérrita, negándose a apartarse.

—¿Y qué es lo que no puedo tener?
—Una familia de verdad.

Miley inspiró profundamente.

—¿La habilidad de herir a la gente es inherente a los impostores? —preguntó——. ¿O se trata sólo de un don adicional? Me temo que te han informado mal; yo tengo una familia: Sally.
—No quiero herirte, Miley —dijo él—. Nunca he querido hacerlo. ¿Temes afrontar a la verdad? Antes no te daba miedo.
—Yo diría que tu concepto de verdad es realmente superficial.
—Eso duele —protestó él.
—Daría lo que fuera —dijo ella meditabunda— para que se partiera el hielo que tienes debajo.

Su sonrisa era rabiosamente alegre.

—Me temo que ésa no es una buena manera de matar a una persona. Alguien podría oírme pidiendo ayuda. Y lo más probable es que tú también te hundieras.
—Tal vez valga la pena —replicó ella.
—¿Quieres que me muera? —Parecía haber más que un interés casual detrás de esta pregunta.
—Quiero que te vayas adonde ya no puedas hacer más daño.
—¿Y estás dispuesta a matarme con tal de conseguirlo?

Miley suspiró.

—No seas vanidoso. Necesito un móvil mejor para cometer un asesinato.

Miley pasó por su lado, sentía una repentina claustrofobia. Él se movió bloqueándole el camino, cosa que de algún modo ella ya esperaba que hiciera.

—Quizá podría convencerte de que soy quien afirmo ser.
—Y quizá las ranas críen pelo, pero no espero que suceda ninguna de las dos cosas en un futuro próximo. ¿Puedo irme ya?
—¿Quién te lo impide? —Estaba tan cerca de ella que resultaba incómodo, pero tenía los brazos cruzados sobre el pecho y no hizo ademán de tocarla.

La noche era glacial, y Miley apenas podía parar de temblar dentro de su abrigo de piel. Allí estaba él, ligero de ropa y aparentemente a sus anchas.

—¿No tienes frío? —preguntó Miley de pronto.
—No te preocupes por mí—respondió Nick—. Hace más de dieciocho años que sé cuidar de mí mismo.

En ese aspecto, al menos, le creía.

Por primera vez en muchos años, aquella noche Miley volvió a tener el mismo sueño, un sueño que había deseado no tener nunca más, pero debía haberse imaginado que el regreso de Nick Jonas, y el recuerdo siempre cambiante de la noche en que murió, le causaría pesadillas recurrentes.

Había perdido la habilidad de separar la verdad de sus sueños. Hubo un tiempo, cuando tenía poco más de veinte años y estaba en su mismo curso en Bennington, en que las pesadillas crecieron hasta niveles incontrolables y finalmente se decidió a buscar ayuda. El terapeuta le sugirió que anotara sus sueños y todo lo que recordara de la noche para, a continuación, compararlo. El esfuerzo acabó en fracaso estrepitoso. Había llegado hasta tal punto que dudaba de todo lo que debía recordar; realidad, memoria y pesadillas se mezclaban formando una espiral psicodélica. Al final, sencillamente, aprendió a olvidarse de aquella tarde, negándose por completo a pensar en el  asunto. No había manera de entenderlo, de saberlo que en realidad ocurrió aquella noche. Ni siquiera estaba segura de querer saberlo. Tan sólo quería librarse de los sueños.

Y así fue; hasta que un hombre que afirmaba ser Nick Jonas había surgido de una insólita tormenta volviendo su vida patas arriba.

El sueño empezaba igual que siempre. Estaban en la antigua casa Edgartown, en Martha’s Vineyard. Era de madrugada, pasada la medianoche, y ella dormía en una reducida habitación de la zona posterior de la casa, encima de la cocina, parte de la cual solía estar destinada a las habitaciones de los criados. Pero en verano Constanza y Ruben dormían en un piso sobre el garaje, y esas habitaciones habían sido transformadas en pequeños y acogedores dormitorios. Miley dormía en uno de ellos.

Por aquel entonces tenía casi catorce años. Les había oído discutir, el ruido traspasaba el techo y las paredes, pero no se tomaron la molestia de bajar el volumen de sus voces. Nick debe de haber hecho otra de las suyas, pensó medio dormida, tapándose la cabeza con la almohada.

Nick la llevaba por el camino de la amargura; era un niño mimado y egoísta, un completo salvaje. Hacía llorar a su tía, martirizaba a sus primos, y provocaba a Miley con una combinación letal de intimidación fortuita y encanto seductor demasiado fuerte para que una joven lo soportara. Y ella no sabía con seguridad qué era lo que más detestaba: su encanto o sus intimidaciones.

Le oyó entrar en su habitación. La misteriosa luz de la luna, que entraba a raudales por la ventana desprovista de cortinas, recortaba su silueta y le hacía parecer más alto, casi tanto como un adulto. Estaba en su tocador revolviendo entre sus cosas.

—¿Qué estás haciendo?

Se volvió al escuchar su voz, pero Miley no había logrado asustarle.

—Me largo de aquí, Miley —había dicho con voz extraña—. Necesito dinero.
—No tengo dinero.
—Pero tienes esto. —Llevaba un puñado de joyas de oro en una mano, y ella se incorporó, ahogando un grito de protesta en su garganta.
—No puedes coger eso —dijo ella—. Son regalos de tía Sally. Oye, intentaré conseguirte algo de dinero...

Nick cabeceó.

—No tengo tiempo. Ya te comprará más. A mi madre nunca le ha importado comprar cariño a golpes de talonario. —Su voz era fría y amarga.
—Déjame al menos la pulsera de colgantes. —No debería haber se permitido esa debilidad. Cada año Sally añadía un colgante nuevo a la pulsera, algo cautivador y original. Simbolizaba sus años en la familia Jonas y era su posesión más preciada.
—No puedo. Lo siento, Miley. Si eres sensata, te largarás de aquí cuando tengas edad suficiente para hacerlo. Te destrozarán. —Le parecía extraño y distante, como si ya se hubiera ido.
—Es mi familia —protestó ella. Y de inmediato se arrepintió de sus palabras.

Nick se acercó hasta su cama, proyectando su sombra sobre ella.

—No, no lo es —dijo él—. Y debería alegrarte. Hunden a los suyos en la miseria.

Nick extendió la mano y acarició su rostro a la luz de la luna.

—¡Es una lástima que no te pueda llevar conmigo, Miley! —exclamó él—. Pero me complicaría la vida tener que responsabilizarme de alguien tan joven. Cuídate mucho. —Y la besó.

Nunca la había besado, sin contar los breves y castos besos que le había dado en las mejillas cuando así se le ordenaba. Esta vez había sido en la boca, pero no se trataba de ningún Príncipe Encantado despertando a la Bella Durmiente. Era un beso áspero, apresurado y completamente sexual, la boca abierta sobre la de ella, los brazos estrechando el cuerpo de Miley contra el suyo propio. Fue un beso hambriento y perdido, y ella ni siquiera dudó en rodearle el cuello con los brazos y devolverle el beso con toda su inexperta pasión.

Aunque terminó en un abrir y cerrar de ojos, pareció que duraba una eternidad. Nick se esfumó en la oscuridad y se fue de su vida para siempre tras haber cogido un puñado de sus joyas de oro que incluía lo único que realmente le importaba.

Miley permaneció inmóvil por el impacto, le temblaba todo el cuerpo; luego se movió y se vistió con abandono. Nick la había estado provocando, molestando y atormentando desde que tenía uso de razón. No iba a salir impune de este robo, pretendiendo encima arreglarlo todo con un beso de despedida, que era más de lo que ella había soñado jamás. Al llegar a la acera de enfrente creyó verle dirigiéndose Lighthouse Beach, y le Siguió silenciosa y decidida.

Escaparse de una isla que está a seis millas de la costa continental lo era tarea fácil. Nick lo había intentado con anterioridad, cuando tenía quince años, robando el catamarán de un amigo y desapareciendo durante más de una semana. La policía le halló en Boston y le devolvió a casa, impenitente, hostil y tremendamente experimentado.

¿Qué barca tenía intención de robar esta vez? ¿O acaso pensaba irse a lo grande y coger una de las pequeñas avionetas privadas estacionadas en el aeropuerto de la isla? Al cumplir los dieciséis, Sally le había costeado unas clases de vuelo, algo que desde entonces lamentó.

Pero iba en dirección a la playa, no al aeropuerto; si supiera hacia dónde se dirigía podría pillarle por sorpresa, amenazarle con gritar con todas sus fuerzas si no le devolvía la pulsera de colgantes.

Le dejaba quedarse con todo lo demás. Estaba dispuesta a pagar lo que fuera con tal de que saliera de su vida. Nick estaba en lo cierto: los Jonas eran más que generosos con sus talonarios, cosa que no podía decirse de sus sentimientos. Si él se iba tendría a Sally para ella sola, sin que hubiera ningún chico perverso y guapo merodeando a su alrededor.
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Chan chan chan chaaaaaaaaaaaaaaan... les puse como seis capitulos de esta novela y este capitulo vale por dos así que mañana les pongo el otro maratón de El Millonario :) lo siento es que ya me duelen los ojos :( necesito lentes pero mis papás no me los compran... bueno mi papá lleva mucho diciendo que me va a llevar con la Irene (una amiga de mi papá) que tiene una tienda de lentes de marcas como Ray Ban y esas.. de las caras y a que me hagan bien el examen para saber que tanto aumento necesito... solo para ver de lejos porque veo super borroso como a un metro de distancia :(

Bueno ammm me voy fin del maratón... lo deje en lo más bueno hahahaha bye :*.

El Impostor- Capitulo 9


—Ni se te ocurra, querida —dijo Sally cariñosamente. ¿De qué ti ve tener una enfermera particular las veinticuatro horas del día sino la aprovecho? Además, tengo algunas... molestias. Le diré que me dé una inyección.

Sally no admitía nunca que algo le podía doler. En realidad, ningún Jonas lo hacía. En ocasiones hablaba del largo y duro es fuerzo que había supuesto traer al mundo con dos semanas de retraso Nick Jonas  como si de un ligero dolor se hubiera tratado. Según la leyenda familiar, pasó dos semanas ingresada en una clínica privada, rechazando todas las visitas hasta que pudo aparecer con el bebe.

—Si eso es lo que quieres —concedió Miley con renuencia, consciente de haber sido derrotada. No permanecería junto a Sally hasta que se quedara dormida, pero por nada del mundo pasaría el resto de la velada en compañía de Nick—. Yo también estoy cansada. Si no te importa, me voy a la cama.
—¡Miley no puedes dejar solo a Nick en su primera noche en casa! —protestó Sally.
—Está Warren. —Lo que dijo fue una grosería, casi una negativa, y a lo largo de su vida Miley jamás se había negado a acceder a una petición de Sally, por pequeña que fuese.
—Ambas sabemos que Warren es un pelmazo y que empezara a interrogar a Nick en cuanto tenga oportunidad. Y no te pongas furioso, Warren, sé que me estás escuchando y no tengo inconveniente en decírtelo a la cara. Miley os hará compañía a los dos y se asegurará de que dejes a Nick en paz.
—¿Quieres que me espíe, no? —preguntó Warren enfadado.
—Quiero que te portes como Dios manda —respondió Sally, casi sin voz—. Me encantaría encontrarme lo suficientemente bien para dar una fiesta...

Miley sintió náuseas sólo de pensar en ello.

—No te preocupes ahora por la fiesta, tía Sally —dijo con prontitud—. Concéntrate sólo en encontrarte mejor.
—No seas ridícula, niña. Las dos sabemos que no voy a mejorar.
—Eso nunca se sabe...
—Engáñate, si eso te hace sentir mejor —dijo Sally con un débil movimiento de la mano—. Al menos Nick acepta la verdad.

«No debería haberme dolido», pensó Miley, sin dejar que ningún sentimiento se plasmara en su cara. Lo había aprendido a hacer años atrás. Estuvo quieta mientras el impostor pasó junto a ella para posar la mano de Sally sobre la suya, fuerte y masculina. Sally la quería, eso lo sabía. No había razón alguna para que se sintiera desconsolada y abandonada.

—Descansa un poco, mamá —aconsejó el embustero en voz baja—. Vendré por la mañana.

Sally suspiró, alegre.

—No te puedes imaginar durante cuánto tiempo he deseado que alguien volviera a llamarme mamá. Buenas noches, querido. —Levantó la mano y le acarició la cara suavemente.

Y Miley salió de la habitación en silencio.


Era una noche tranquila, fría, la luna creciente flotando en el cielo a poca altura. Dentro de unos días el frío inusual desaparecería, la nieve abundante y húmeda se derretiría en la nada, y una vez más la primavera iniciaría la lenta conquista de las desoladas y heladas tierras de Vermont.

Pero por el momento imperaba un silencio glacial que se extendía sobre el paisaje cubierto de nieve. Las ramas de los árboles eran negras en contraste con la blancura restante, y sobre ellas se cernían a distancia las montañas, una presencia milenaria y protectora.

Miley fue hasta la parte posterior de la casa, el abrigo que llevaba se ceñía a su cuerpo mientras caminaba por los senderos que habían sido cuidadosamente despejados de nieve con palas. Sus botas crujían ligeramente sobre el frío suelo, y podía oír los gritos de una lechuza a lo lejos. La oscuridad albergaba criaturas, criaturas salvajes que vivían sus vidas con asombrosa sencillez y libertad. Algún día esa libertad le pertenecería.

Nunca fue tan tonta para pensar que durante sus años en Boston había sido realmente libre. Sally era la única madre que había tenido, una mujer tranquila y desapasionada que siempre había estado allí. Si bien no había exteriorizado su cariño por ella ni tampoco había participado en su vida, al menos Miley sí había sentido su afecto y estabilidad.

Y había sentido ese afecto en el tiempo y en la distancia.

Se lo debía todo a Sally. No en un sentido físico; esa deuda ya había  sido pagada. Se lo debía todo emocionalmente, por haberle permitido pertenecer a alguien. Los poderosos Jonas no se habían fijado en que aquella niña reservada crecía a la sombra del tempestuoso Nick, sin embargo Sally sí, y la siguió de cerca y la quiso a su manera.

Y Miley estaba en deuda con ella. Podía hacer un paréntesis en vida durante unos meses. Podía quedarse durante unos meses. Hasta que Sally muriese.

Todo el rechazo del mundo no cambiaría lo que iba a pasar; hacía hecho tiempo que Miley había aprendido esa lección. Sentiría su muerte profundamente, pero su vida, al fin, le pertenecería.

Incluso tendría dinero. Nada comparado con las gigantescas sumas de dinero que heredarían los verdaderos Jonas; o con el dinero que el impostor intentaría usurparle a una anciana moribunda.

No tenía importancia. Eso la ayudaría a reclamar su independencia provisional. A pesar del cariño que tenía a la familia Jonas, incluyendo al remilgado de tío Warren, a tía Patsy y su diversa descendencia, una vez Sally estuviera muerta sus lazos se romperían. Su deuda de lealtad y amor ya estaría saldada y ella sería completa y felizmente libre.

Pensó que debería sentirse culpable por ello, por anhelar ser libre, sin embargo no podía. Si pudiera cambiar las cosas, si pudiera dar años de su vida para mantener a Sally sana y feliz, lo haría con mucho gusto. Pero Dios no hacía ese tipo de tratos y Sally se estaba muriendo. Y Miley se iría.

Podía ver su aliento en el aire de la noche, pequeñas bocanadas de vaho que salían al exterior, mientras descendía por el sendero en dirección al estanque helado. Solía patinar en él, tiempo atrás, cuando los Jonas iban a Vermont a pasar la Navidad. Eso fue antes de llevar allí a Sally para que muriera. Hacía mucho que no patinaba, pero Ruben se aseguraba de que la superficie estuviera siempre limpia de nieve. Ahora estaba lisa, los últimos restos habían sido apartados a un lado, por si había alguien suficientemente *beep* que quisiera patinar.

Miley se quedó en el margen del hielo, mirando fijamente la superficie cristalina, y tuvo un impulso repentino, absurdo e irrefrenable. Ni siquiera tenía un par de patines, aunque pedirlos y que se los compraran sería todo uno.

Empezó a caminar con cuidado sobre el hielo, que tenía casi un palmo de grosor. Trató de deslizarse por él, pero sus botas oponían demasiada resistencia.

Poco a poco fue acercándose hasta el centro del estanque, el silencio la rodeaba. Hacía años que no intentaba patinar. Hacía tanto tiempo que ni siquiera recordaba cuándo se había puesto unos patines por última vez.

Sí lo recordaba. Fue en una Navidad de hacía muchos años, cuan do ella tenía nueve. Le habían regalado unos patines nuevos, y un Nick sorprendentemente paciente la había llevado fuera para probarlos. Debería haber tenido más juicio y no haber confiado en él. Por gentileza de Nick, que intentó enseñarle los pormenores del patinaje sobre hielo, acabó el día con una fractura de muñeca y ya nunca más volvió a ponerse los patines.

Aún recordaba la expresión impasible y socarrona de la cara de Nick cuando Sally le había dado una reprimenda y más tarde perdonado, como solía hacer. Pero de alguna manera, en su memoria, la cara de Nick era exactamente igual a la del impostor.

—¿Has patinado mucho últimamente, Miley?

Su voz le llegó en forma de susurro desde el otro lado del estanque. Ella apenas se movió. Sabía que vendría, ya era tarde para reaccionar. Sabía que iba a seguirla.

El Impostor- Capitulo 8


—¿Crees que Sally sospecha algo? —preguntó Warren al cabo de un momento.
—En absoluto. Necesita creer en mí. Se está muriendo y no quiere dejar esta vida sin encontrar de nuevo a su hijo.
—Sólo asegúrate que no empiece a acceder a pruebas de ADN y cosas por el estilo. Tenemos ciertos límites y yo no puedo sobornar a todo el mundo.
—No te preocupes, no accederá —manifestó Nick tranquilo y seguro.

Warren le miró fijamente durante largo rato, luego asintió con la cabeza, satisfecho.

—Debo reconocer que hasta ahora todo ha salido a las mil maravillas. Los próximos días serán la prueba de fuego.
—Los próximos días serán fáciles —murmuró Nick—, si tú haces ti parte.
—Yo soy quien más tiene que perder aquí —anunció Warren malhumorado.
—Lo dudo. Si alguien me descubre, te limitarás a insistir en que ha sido engañado como todos los demás. Me apuesto lo que sea a que no hay ni la más mínima prueba que me relacione contigo. ¿No es cierto?
—¿Crees que no confío en ti?
—Creo que, al igual que yo, no confías en nadie. —Nick se incorporó y se volvió para verle—. No te preocupes, Warren. No me descubrirán. Si lo hacen, cúbrete las espaldas y no te preocupes por mí; soy un experto capeando temporales.
—¿Debo pensar que no me traicionarás?
—Si no lo piensas, ¿por qué te has metido en esto? —replicó Nick con suavidad.
—Porque tienes el mismo aspecto siniestro que él —respondió Warren al momento.
—Y porque llamé a tu puerta ofreciéndote la posibilidad de sacar tajada de toda esa cantidad de dinero —añadió Nick sin rodeos—. No lo olvides.
—Mi hermana se está muriendo —dijo Warren—. Morirá feliz si cree que su hijo ha vuelto...
—Te importa un comino que tu hermana muera feliz o no. Lo único que te importa es que al morir su herencia no esté inmovilizada tras tantos años intentando demostrar que el verdadero Nick Jonas está muerto.
—¿Y si no está muerto? —preguntó Warren repentinamente—. ¿Y si el auténtico Nick aparece de pronto?
—Está muerto, Warren —susurró Nick con frialdad—. Créeme, no volverá.


Es probable que a lo largo de su vida Miley hubiera estado en cenas mucho peores, pero en ese momento se sentía demasiado abatida para recordarlas. En la habitación de Sally se había dispuesto una mesa junto a la ventana que daba a la bahía, y Sally logró incluso sentarse en la silla de ruedas; la felicidad coloreaba sus pálidas mejillas. Nick se sentó junto a ella, encantador y solícito, y Warren se mostró sorprendentemente hablador. Miley se sentó frente al intruso, tranquila, ha blando con recato, comiendo aún menos, y escuchando al embustero hilar su telaraña.

No es que él le recordara a una araña, pensó objetivamente. Su físico era demasiado bello y glorioso, con sus rasgados ojos de un azul verdoso, su pelo aclarado por el sol, su piel blanca estirada sobre sus pómulos. Tenía el mismo aspecto ligeramente británico que el auténtico Nick, cosa que era un punto a su favor.

Era su boca lo que la fascinaba. La boca de un sátiro, un cínico, voluptuosa, total y completamente sexual. Sonrió y rió exhibiendo una dentadura blanca perfecta; habló con pausado encanto, hechizándolos a todos. Hechizando a Miley, pese a su resistencia.

Era bueno. Era más que bueno; era magistral, cautivando a tía Sally, hechizando a tío Warren, contando viejas historias de una infancia nunca vivida. «Alguien debe de estarle ayudando», pensó Miley, poniendo cara de interés mientras su cerebro trabajaba febril mente. Algunas de las cosas que contaba sólo podían conocerlas los miembros de la familia. Alguien tiene que haberle hablado de la vez en que la policía pilló a Nick bañándose desnudo en South Beach, en Martha’s Vineyard. Alguien tiene que haberle contado que Nick era extremadamente alérgico al crustáceo.

Nick levantó la vista de la fuente de cigalas rebozadas y la miró con un ligero destello de complicidad en los ojos.

—Miley, ¿ha sido idea tuya este menú? —murmuró, sin intención de servirse.
—El crustáceo es mi debilidad —respondió a la ligera.
—También la mía —dijo Nick—. Una debilidad funesta.
—¡Oh, cielos! —exclamó Sally sorprendida—. Había olvidado que eres alérgico a estas cosas, cariño. Miley, ¿cómo has podido hacer algo semejante?
—Han pasado dieciocho años. —Su voz sosegada no traicionó su inesperado sentimiento de culpabilidad: no por poner en peligro al impostor, sino por causarle problemas a Sally—. Yo también lo había olvidado.
—Entonces, ¿no era tu intención matarme? —preguntó Nick amablemente.

Ella jugueteó con su copa de vino y luego le sonrió con frialdad.

—No habría sido un modo muy eficaz de hacerlo, ¿no crees? En definitiva, es bastante fácil reconocer el crustáceo. Si uno sabe que es alérgico al crustáceo no lo prueba y ya está.

A Sally le pasó inadvertido su incisivo comentario.

—No hables con Miley de asesinatos —dijo Sally con lucidez—. Es una experta en el tema.
—¿En serio? —Sus ojos parecían lánguidos—. ¿A cuántas personas as asesinado?
—A ninguna —respondió ella. Y le sonrió—: Todavía.
—Le encanta leer basura —explicó Warren abiertamente. Crímenes misteriosos y toda esa clase de porquerías. Se considera una ex perta en criminología moderna por haber leído unas cuantas novelas de suspense.
—Ni mucho menos. —Miley contuvo la irritación al hablar.
—Será mejor que te lo pienses dos veces antes de cometer un crimen, muchacho —prosiguió Warren—. Miley es la típica que te sorprende in fraganti. Es una Miss Marpie en toda regla.
—No digas tonterías, Warren —le amonestó Sally con un vigor asombroso—. Yo leo novelas de espionaje y no por ello voy a ingresar en la CIA en la KGB. ¿Y tú qué lees, cariño? —Se volvió hacia Nick con una sonrisa casi coqueta.
—No tengo tiempo para leer —anunció Warren en voz alta.
—No me refería a ti —dijo Sally—. Y cualquiera con un mínimo de sentido común encuentra tiempo para leer, de lo contrario el cerebro se atrofia y el alma se marchita.
—¿Aunque se lea basura? —espetó Warren.

Miley apuró su vaso de vino. Tenía un dolor de cabeza terrible, pero de ninguna manera iba a dejar a Sally sola sin su protección. Warren tenía tendencia a hacerla enfadar, y el inesperado estímulo de su hijo pródigo sin duda alguna la afectaba negativamente. Desde el pasado otoño su salud había caído en picado; a Miley le daba pánico que algo pudiera acelerar el inevitable proceso.

—Depende de lo que entiendas por basura, tío Warren —intervino Nick con tranquilidad—. A mí me gusta leer novelas de terror.
—¡Típico! —murmuró Miley. En efecto, siendo adolescente, Nick había estado leyendo a Stephen King antes de desaparecer. Una vez más el intruso había hecho sus deberes.
—Dime, Nick, ¿qué planes tienes ahora que por fin has vuelto al seno familiar? —le preguntó Warren.
—¡Warren! —La voz de Sally tenía un fuerte tono de advertencia.
—No le estoy interrogando sobre su pasado —se defendió Warren con impaciencia—. Aunque debo admitir que me tiene intrigado. Hay razón por la que no se le pueda preguntar qué piensa hacer ahora, ¿no?
—No tiene que responder a nada que no quiera. Es maravilloso el simple hecho de tenerle de vuelta.

En medio de la discusión de los hermanos, los ojos de Nick se encontraron con los de Miley, que estaba frente a él. Les iluminaba la suave luz de una vela, y por un momento Miley se embriagó con la inmensa intensidad de sus ojos, con la suntuosa y perturbadora pro mesa de su boca.

—¿Siempre están así? —preguntó Nick en tono jocoso.
A Miley no le hacía gracia.
—¿No lo recuerdas?

Nick se levantó y se desperezó lentamente, con involuntaria elegancia. Un verdadero Jonas nunca se desperezaría, pensó Miley, moviendo subrepticiamente sus agarrotados músculos. Todos ellos estaban demasiado bien criados, se les había enseñado con excesivo ahínco a comportarse educadamente.

—Solían discutir sobre mí —dijo él.
—Siguen haciéndolo.

Sally alzó la vista en medio de la discusión, había una sombra de Preocupación en sus ojos marchitos.

—Lo siento, cariño. No tendrías que estar escuchando discutir a este par de viejos buitres en tu primera noche en casa.
—No me llames viejo —le espetó Warren—. Tienes diez años más que yo.
—Y además me estoy muriendo —le replicó Sally.—. Tú eres viejo, yo soy antigua. —Se alejó de la mesa en su silla de ruedas—. Y ahora marchaos. Miley, ve y dile a la señora Hathaway que venga a ayudarme, ¿quieres? Estoy bastante cansada.
—No hace falta que esté la enfermera esta noche —protestó Miley—. Yo puedo quedarme...
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Les dejo uno mas mientras se calienta mi comida :)

El Impostor- Capitulo 7


—Lamento molestarte, jovencito —dijo Warren con altivez, entrando en la habitación y mirándole con desaprobación—, pero pensé que podríamos aprovechar esta oportunidad para aclarar algunas cosas.

Nick echó un vistazo a la puerta, completamente cerrada.

—Corta el rollo, Warren —le espetó con displicencia—. Esto no es Misión Imposible. La habitación no tiene micrófonos ocultos; nadie nos está escuchando.

La animadversión que Warren sentía por él, mudó su elegante  rostro.

—Nunca se es demasiado prudente. —Nick esperaba que Warren hubiera hablado con desdén.
—La única que duda de mí es ________, y ya me he asegurado de que se mantenga alejada, al menos de momento.
—Ya te dije que sería la más difícil de convencer —dijo Warren—. Es tímida pero lista. Y estaba más unida que yo al auténtico Nick Jonas.

El hombre que estaba tumbado en la cama sonrió con dejadez.

—No me preocupa. Creo que al irse el hijo de Sally, estaba medio enamorada de él. El sentimiento no tardará mucho en reavivarse.
—¡No seas ridículo! —protestó Warren—. Tenía sólo trece años. Puede que le gustara pero no debía de ser nada serio. Era demasiado joven para interesarse por los chicos.
—Por lo que me has dicho, Nick Jonas no era un chico cualquiera. Y no subestimes los impulsos hormonales de la pubertad. Es probable que ella le deseara.
—¡Qué asco! —exclamó Warren, esta vez con desdén.
—¿Acaso crees que no puedo hacerlo? —preguntó Nick con tranquilidad.
—No, confío plenamente en tus aptitudes —murmuró Warren—. Espero que acabes convenciendo a todo el mundo de que eres Nick Jonas. Es sólo que creo que te será más fácil engañar a Miley que seducirla. Me da la impresión de que no está muy interesada en el sexo contrario.

Había un ligero tono de orgullo en la voz de Warren, y Nick creía saber el motivo. Para un hombre como Warren Jonas la indiferencia sexual era una cuestión de poder. Un poder que Nick no tenía intención de cultivar, por lo menos en esta vida.

—Eso ya lo veremos —comentó Nick—. Si consigo que confíe en mí lo suficiente como para acostarse conmigo, no tendremos absolutamente ningún problema. A no ser que Patsy decida ponérnoslo difícil.
—Deja que me ocupe yo de mi hermana pequeña —sugirió Warren—. Sé cómo tratarla. No pierde el tiempo pensando en aquello que no le interesa. Los temas familiares no le atraen demasiado. Ella va a lo suyo.
—Pero mi repentino regreso, ¿no alterará sus planes?
—Sé cómo manejarla —repitió Warren—. Ha estado casada varias veces, tres para ser exactos, y confía en mí. En realidad estamos bastante unidos. Si yo te acepto, ella también lo hará
-- y sus hijos?
—Puede que ellos no sean tan fáciles —concedió Warren—. Pero está claro que nunca me hubiera involucrado en esta farsa si no pensara que eres capaz de salir airoso de ella. Una vez hayas conseguido convencer a Miley, los demás no pasarán de ser un problema relativamente pequeño si te andas con cuidado.

Nick le miró con recelo: No se hacía ilusiones respecto a su compañero de complot. De todos los célebres Jonas, Warren, además de ser quien tenía el sentido del interés propio más acusado, tenía una provechosa falta de moralidad. Cuando se le ocurrió por primera vez la alocada idea de hacerse pasar por el desaparecido heredero, pensó en Warren como el mejor candidato para ser su cómplice. Antes de dirigirse a Warren había considerado otras posibilidades, que descartó rápidamente. Constanza y Ruben eran leales en exceso, Patsy estaba demasiado ocupada con su eterna búsqueda de placer para hacer un esfuerzo en asegurarse de que podría continuar costeándoselo.

Y Miley Cyrus. Ella hubiera sido su primera opción. Tras años de independencia estaba viviendo con Sally Jonas, cuidándola en la recta final de su enfermedad. Sabía más cosas que nadie de la familia Jonas; con su ayuda los demás no se atreverían a enfrentarse a él.
Pero en lugar de ello un sexto sentido le condujo directamente a Warren, y ahora contaba con su habitual buena suerte. Miley nunca hubiera tolerado tal engaño; obviamente adolecía de un fuerte sentido de la moral.
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Chicas una pequeña pausa, voy a comer porque tengo que tomarme una pastilla y ya se me paso la hora por quedarme dormida y apenas lo recorde, ya me esta empezado a doler la muela :( bueno ahorita regreso :)

El Impostor- Capitulo 6


El hombre que se hacía llamar Nick Jonas se permitió una leve sonrisa pícara cuando la puerta se cerró de un portazo detrás de Miley. Había intentado obtener una reacción sincera de Miley desde que ésta había entrado corriendo en la habitación de tía Sally, pero se había controlado de forma impresionante y molesta, reacia a dejar aflorar su feroz incredulidad y desaprobación por más que la presionara.

Se preguntaba por qué. Probablemente tendría algo que ver el hecho de que tuviera cariño a la mujer que le había proporcionado un hogar y una familia. A pesar de ser una mujer aparentemente tranquila y de estar ligeramente reprimida, estaba claro que Miley Cyrus sentía gran cariño y lealtad por Sally Jonas. Tal vez su única debilidad.

Él sabía de ella más de lo que ella misma se podría imaginar jamás. Sabía dónde había trabajado, conocía a sus amigos, incluso había visto su piso próximo a Beacon Hill. Sabía cómo se llamaban todos los hombres con quienes se había acostado. Teniendo en cuenta que esa lista tenía un total de tres nombres, no había sido una hazaña difícil, suponiendo que sus fuentes fueran fidedignas. Hasta ahora lo habían sido, pero estaba preparado para cualquier cosa.

Los ojos azules de Miley le miraron con impasible antipatía, cosa que le molestaba a la vez que le excitaba. Necesitaba de un aliado en esta vieja y laberíntica casa. Necesitaba poder contar con alguien, alguien a quien pudiera utilizar. Miley Cyrus era, evidentemente, la candidata perfecta.
No iba a ser un trabajo fácil convencerla, pero lo cierto fue que algunos hechos, reveladores de por sí, vinieron rodados. Si conseguía que la fría y protectora Miley le creyese, nadie se atrevería ya a dudar de él.

No había respondido como él hubiese querido a sus ingeniosos intentos de conquista. Miley tenía algunos asuntos pendientes con el adolescente Nick Jonas, probablemente relacionados con sus deseos de juventud. Nick Jonas había sido un gamberro por excelencia, con un dominio asombroso para armar follones para lo joven que era. Y muy pocas mujeres, especialmente las adolescentes impresionables, habían podido resistirse a una oveja negra tan terriblemente encantadora. Había estado enamorada del joven Nick y la familia Jonas lo sabía.

El hombre que había llegado a la finca de los Jonas en el sur de Vermont también podía crear cierto revuelo. Y tenía toda la intención de hacerlo. Podía ser extraordinariamente cautivador, y pretendía que Miley acabara por encontrarle completamente irresistible. Demasiadas cosas dependían de que él consiguiera ganarse su con fianza. Teniendo a Miley de su parte, nadie osaría cuestionarle.

A la anciana no le quedaba mucho tiempo de vida; lo había admitido con serenidad. Había visto morir a suficiente gente como para Saber cuándo alguien estaba viviendo un tiempo prestado. En verano Sally Jonas estaría muerta; sus millones y millones de dólares podían hacer absolutamente nada para detener el inexorable avance del cáncer.

Durante ese tiempo se las arreglaría sin ninguna dificultad. Estaba a acostumbrado a manipular a la gente, a lograr que ésta acabara haciendo lo que él quería. Se le daba bien hacerlo. Sally moriría en paz, con su hijo pródigo junto a ella; Miley vería realizadas sus fantasías de adolescentes en la cama que, contra su voluntad, había abandonado. Y al marcharse, tendría respuesta a todas sus preguntas.

Podría volver a ser simplemente Sam Kinkaid, un solitario encantado de serlo.

Probablemente lo más seguro habría sido mantenerse alejado de Miley. Era una mujer inteligente; lo sabía más por lo que le decían sus claros ojos azules que por la cantidad de información que se le había proporcionado. Era lo de menos que se hubiera licenciado en Bennington con distinción honorífica; bastaba con que le mirara con esa expresión alerta y fulminante para que él tuviera la sensatez de no hostigarla.

Se le había preparado cuidadosamente para lidiar con todas las personas que había encontrado en la mansión de Vermont, pero quien le había informado se había equivocado describiendo a Miley. Bajo la ropa conservadora, el pelo hábilmente rizado, y los modales discretos y aparentemente tímidos, se ocultaba algo inesperado. Algo feroz y ardiente, reprimido con esmero.

Llegó a la familia Jonas como hija adoptada cuando tenía tres años, y ahora, después de que todos los de más se hubieran ido, volvía a estar al lado de Sally. ¿Qué le había hecho volver junto a Sally Jonas? ¿El dinero? ¿La lealtad? ¿La codicia?

Nick tenía un gran respeto por la codicia. Era un estímulo poderoso que podía jugar a su favor.
Sabía por qué Sally la quería, por qué los Jonas la veían con buenos ojos. Era básicamente una compañía gratuita, leal, incondicional, capaz de hacer cualquier cosa por su familia adoptiva.
Y contaba con aquello que los Jonas consideraban de vital importancia.

Era guapa.

Es extraño el valor que concedía a la belleza la familia Jonas en el sentido más amplio. Para empezar, habían sido bendecidos con unos genes extraordinarios y una salud abundante; y se habían reproducido de forma admirable. No había un miembro de la familia Jonas  que fuera feo: incluso en su lecho de muerte, el aspecto de Sally era sublime, su piel, pálida y fina como la seda, y sus ojos, preciosos.

Miley había sido el complemento perfecto para los gloriosos Jonas. Los álbumes de fotos describían su evolución desde una infancia seria y sensible hasta una adolescencia juguetona. Ahora parecía estar contenida, como quien ve un gran cuadro mal iluminado, descolorido y borroso. Su ropa era clásica, insulsa, y a pesar de pegar- se a su cuerpo y entallarlo, lograba esconderlo.

Él se acercó a la ventana y miró fijamente el paisaje cubierto de nieve. No estaba en Vermont desde hacía años; había olvidado cómo era la nieve en los últimos días de primavera. No podía haber programado mejor su reaparición: el tiempo, agitado, coincidía con el efecto perturbador del regreso del hijo pródigo.

Era un hombre que estaba más alerta que la mayoría. Oyó unos pasos en el pasillo que llevaba hasta su habitación y supo de inmediato de quién eran. Los pasos de Ruben eran silenciosos y discretos; los de Constanza, enérgicos. Y era imposible que Miley volviera a esta habitación sin un motivo de peso.

Nick se estiró en la cama, clavando la vista en el techo de vigas. Era una cama cómoda, lo suficientemente grande para que cupiese su cuerpo y aún sobrara espacio. Cuando llamaron a la puerta no se movió.

—Adelante, Warren —dijo con indiferencia, contemplando 

El Impostor- Capitulo 5


—Eres muy generosa —dijo él. Y por alguna razón Miley se acordó de repente del auténtico Nick, de su voz cargada de insinuación sexual.

Después se recordó a sí misma que todo aquello no tenía nada de sexual. Era sólo un farsante, dispuesto a robarle la fortuna a una anciana, y lo único que les unía era su querida familia. Pero los Jonas nunca habían sido muy cariñosos y sin embargo ahora Warren contemplaba al intruso con sorprendente aceptación.

—Adelante, pues, vete a instalarte —concedió Warren abiertamente—. Hablaremos más tarde. Estoy seguro de que Miley te entenderá mejor que nadie. —Se mostró dubitativo—. Me alegro de verte, muchacho.

Sally levantó su mano deformada por el dolor y dio una palmadita de aprobación a Warren.

—Se está bien en casa —dijo Nick Jonas. Y Miley debió de imaginarse el tono ligeramente burlón de su voz grave y ronca.

Podía sentir su mirada clavada en la espalda mientras le conducía al  piso superior por la amplia escalera principal. Por suerte ya se las había arreglado para despejar toda su ropa y sus pertenencias de su cuarto prestado. Si el impostor se enteraba de que ella había estado durmiendo allí, lo utilizaría como un arma más.

Entró antes que él para dar un último vistazo y verificar que no hubiera huella alguna de su apropiación temporal. Nick se detuvo acercó a la puerta, examinando la habitación con ojo crítico.

—Mi madre no esperaba que volviera —comentó.

Miley se quedó en el centro de la habitación, mirándole.

—Nick desapareció hace más de dieciocho años, y en todo este tiempo no ha habido ni una llamada, ni un indicio de que al menos es taba aún con vida. Tía Sally es una mujer realista; hace años que aceptó lo que era evidente.

De nuevo su boca dibujó una ligera y extraña sonrisa.

—¿Y no te alegras por ella? —preguntó con suavidad.

Miley permaneció callada, ignorando la inconfundible burla.

—La cama es nueva y todo es muy acogedor...
—¿Quien ha utilizado la habitación mientras yo estaba fuera?
—Nadie en especial —contestó, contenta de poder ser totalmente honesta—. Sólo algún que otro invitado.
—¿Por qué está repleta de telas estampadas de flores? Éste no es el estilo de tía Patsy. Esta madera es muy sencilla. A Patsy le gustan las cosas lujosas y recargadas.

Trató de ocultar lo asombrada que estaba. Nick había hecho sus deberes, eso saltaba a la vista. Conocía al dedillo a la consentida de tía Patsy.

—Si te parece demasiado femenino puedo ir a comprar algunos grabados con escenas de caza —propuso ella con voz ligeramente mordaz—. Un par de animales muertos le darían un aspecto un poco más masculino.
—¿Usabas tú este cuarto?

En esta ocasión no pudo ocultar su reacción. Saltaba a la vista que estaba muy bien informado; un impostor necesita estarlo. También tenía que ser observador, y probablemente a ella le había delatado la inevitable tirantez de su boca.

—Estuve viviendo en Boston hasta que Sally empeoró —explicó, sin dar una respuesta clara. Si al verdadero Nick Jonas no le debía nada en absoluto, menos le debía aún a su imitador. Constanza había eliminado de allí cualquier rastro de su presencia, y ella había vuelto a la pequeña habitación del primer piso, donde había estado casi toda su vida—. Saliendo a la izquierda hay un cuarto de baño nuevo con el que tendrás más que suficiente —añadió enérgicamente—. Le diré a Ruben que suba tus maletas...
—Puedo hacerlo yo.

El impostor estaba de pie entre la puerta y ella, de modo que no tenía más remedio que mirarle directamente a los ojos.

Hubiera podido ser Nick. Tenía sus mismos ojos claros, de un azul casi luminoso, y levemente rasgados que le conferían un aspecto eslavo, y su atractiva y adusta cara de adolescente podría haberse transformado en ese cuerpo marcadamente elegante, en esos fuertes pómulos y en esa boca exuberante, sensual. Hubiera podido ser Nick, salvo por una cosa.

Nick estaba muerto.

Él se movió, y ella suspiró levemente, aliviada. No quería pasar demasiado cerca de él al salir de la habitación.

Pero no se apartó del todo. Se movió acercándose a Miley. Ella permaneció inmóvil porque tiempo atrás había aprendido a no exteriorizar el miedo; sin embargo, en esta ocasión le estaba suponiendo un esfuerzo no hacerlo. Era alto. Lo suficientemente alto para que se sintiera un poco intimidada. Nick nunca había sido tan alto y cuando desapareció ya tenía diecisiete años. A esa edad se supone que uno ha crecido todo lo que tiene que crecer, ¿no es cierto?

—Así que te he robado la habitación —dijo con su voz suave y ronca—. Y te he quitado el sitio como cuidadora oficial de tía Sally. No me extraña que no me recibas con los brazos abiertos.
—No es mi estilo recibir con los brazos abiertos ni en el mejor de casos —repuso ella.
—Apuesto a que no —murmuró él—. Aunque debo admitir que una pena. ¿Vas a ayudar a tío Warren a demostrar que soy un impostor?
—Eso será si lo eres.
—¿Y tú qué piensas, Miley? —Estaba demasiado cerca de ella.

Le recordaba misteriosamente al verdadero Nick, cosa que la alteraba y la confundía. Le hacía dudar de la verdad de la que nunca había es estado del todo segura.

No era de extrañar que ejerciera una poderosa influencia sobre ella. Sólo alguien que pudiese hacerse pasar con éxito por el auténtico Nick intentaría llevar a cabo tal pantomima, y el impostor conocía todos los trucos. Todos los pequeños y sensuales hábitos que Nick había vivido, para hacerla sentir vulnerable, para hacerla sentir una extraña, una especie de anhelo despreciable. 

Miley le miró con frialdad, desafiándole.

—Pienso que si haces daño a tía Sally, desearás no haberlo intentado nunca.
—¿No haber intentado ¿qué? —Su voz era suave, provocadora—. ¿Qué me harás?

Pero Miley no estaba dispuesta a seguirle el juego, por más que la aguijoneara. No estaba preparada para declararle su enemistad sin reservas, aunque él ya la hubiera detectado.

—Creo que estarás muy cómodo aquí —afirmó ella, dando un pequeño paso hacia atrás y esquivándole en lo que esperaba que fuera un educado acto fortuito.
—Sí, seguro que sí —replicó Nick en voz baja. La estaba dejando escapar deliberadamente y ella lo sabía, pero no le importaba; de pronto huir de él era muy importante—. Si en algún momento notas que echas de menos tu antigua habitación, no dudes en venir a visitar la —añadió.
—Estaré bien —dijo ella.
—La cama es grande. No tengo inconveniente en compartirla.

Miley dio un respingo; se había pasado de la raya.

—Eso será cuando el infierno se hiele. Él contempló el paisaje invernal.
—Ya se ha helado, Miley.

Maratón :).

Las deje abandonadas mucho tiempo, lo se, soy mala :C pero... aquí les vengo a dejar un maratón de "El Impostor" y de "El Millonario" de las otras no he escrito nada porque... me duele la muela, la garganta y la cabeza :C... es que me esta saliendo la segunda muela del juicio y una semana me duele una muela y otra semana otra ¬¬' así que no he estado de humor para escribir NADA... espero lo entiedan... ahora si... inicia maratón :).