martes, 12 de junio de 2012

Huracan De Deseo- Capitulo 11


Pero cuando Nick miró el reloj a la mañana siguiente pensó que quizá había subestimado a su secretaria. Eran casi las nueve y no había aparecido. Y cuando se fue del restaurante estaba perfectamente bien. Lo sabía porque la había observado desde su mesa.


Christina le dijo que estaba al otro lado del hilo cuando estaba a punto de llamarla al móvil. 


—Lo siento, Hoy no puedo ir a la oficina. 
—Por qué?


Era la primera vez que ocurría, pero Nick tuvo que hacer un esfuerzo para parecer amable.


—Me siento fatal. Creo que tengo gripe. 
—Pues anoche estabas bien.
—Y me sentía bien. Ha sido esta mañana... 
—No puedes levantarte de la cama, ¿no? 
—Eso es.
—Pues hay un par de cosas importantes en el despacho...
—Lo siento. Mañana iré a trabajar, hoy es imposible.


¿Cómo podía enterarse de lo que quería saber?, se preguntó Nick. ¿Estaba enferma de verdad o una loca noche de pasión con el tal Joe la había dejado demasiado exhausta como para ir a trabajar? Solo había una forma de saberlo.


Seguramente seguía en la cama con Joe, compartiendo sonrisitas de complicidad porque iban a pasarse todo el día haciendo el amor. Nick tuvo que apretar los dientes.


—Descansa. Y llámame si mañana tampoco puedes venir a la oficina.


En lugar de llamar a una de las secretarias, Nick se levantó y fue al departamento de personal para pedir la información que necesitaba: la dirección de Miley.


Le resultó fácil encontrar el apartamento, aunque estaba a las afueras de L.A y a esas horas el tráfico era horrible.


Si Miley se había tomado un día libre para estar con su amante, quería pillarla in fragante. Sin darle oportunidad a Joe de escapar por la puerta trasera.


Pero tuvo que anunciar su llegada, porque el apartamento de Miley estaba en el tercer piso de una antigua casa victoriana..


—Soy Nick.
—¿Nick? ¿Qué haces aquí?
—Abre la puerta, Miley. Solo te molestaré un momento.


El portal se abrió y Nick subió los escalones de dos en dos. Ella lo esperaba en la puerta de su apartamento, envuelta en un albornoz de color azul claro.


¿Por qué no estaba vestida? Eran casi las once de la mañana.


—¿Qué estás haciendo aquí? —repitió. Miley, perpleja.
Archivos —dijo él, mostrándole unas carpetas que llevaba en la mano.
—¿Y no podían esperar hasta mañana?
—Puede que mañana sigas enferma. ¿No me invitas a entrar?
—Lo siento, pero no me encuentro bien.
—Y quizá mañana te encuentres peor. Necesito que revises estos archivos para ver si falta algo.


Solo puedes hacerlo tú, no puedo pedírselo a otra secretaria porque no sabrían de qué se trata.
Además, si estás enferma, te iría bien tener a alguien cerca... para que te atienda.


—¿Atenderme?
—Para hacerte un té y esas cosas —contestó Nick.


Miley vaciló. Lo último que necesitaba era a Nick Jonas en su casa. Pero no estaba de humor para seguir discutiendo en el rellano.


—Me quedo con los archivos.
—Es que tengo que explicarte un par de cosas...
—De acuerdo, entra —suspiró ella.


Nick miró alrededor. El cuarto de baño estaba a la izquierda, la cocina a la derecha y el salón
al fondo. La puertecita que había en el salón debía dar al dormitorio.


—Es muy pequeño, ¿no?


Miley levantó los ojos hasta encontrarse con su rostro. 


—Voy a hacer café.


Él la siguió sin decir nada. La puerta del dormitorio estaba cerrada. ¿A propósito?


—No, deja, lo haré yo. Tú estás enferma y debes descansar.
—Pero no sabes dónde están las cosas.
—No creo que necesite un mapa para encontrarlas —sonrió Nick—. El que diseñó este apartamento no podría haberlo hecho más diminuto. 
—Pues a mí me encanta.
—¿No puedes pagar algo más grande con el dinero que ganas?
Miley lo miró, atónita.
—Estoy ahorrando para comprar una casa.


Por supuesto, no habría necesidad de comprar una casa si aceptaba la proposición de Joe... 


—Siéntate. No te encuentras bien —dijo Nick. 


Se sentía culpable porque sus actos contradecían sus palabras, pero aquel era un acto desesperado.


—Voy a vestirme —dijo Miley—. La leche está en la nevera, el café en el armario.


Era la primera vez que Nick Jonas entraba en su apartamento y no le gustaba nada. Era tan desconcertante como estar entre sus brazos en la pista de baile.


Tendría que librarse de él lo antes posible, pensó, mientras sacaba del armario unos vaqueros y una camiseta. Echaría un vistazo a los archivos, tomaría un par de notas y lo echaría de allí con toda la discreción posible. Estaba en su casa y no tenía ningún derecho a invadir su intimidad de esa forma.


Cuando salió del dormitorio se alarmó al verlo al otro lado de la puerta.


—¿Qué haces aquí?


Nick entró en el dormitorio y miró alrededor, como buscando algo. Pero allí no había nadie.
Apenas había sitio para la cama, una mesilla y un armario de dos cuerpos.


—Si no te importa...
—No, claro. ¿Estás buscando algo?
—Nada, nada. Solo quería ver tu cuarto.


Tendría que ir despacio para no asustarla. La deseaba más de lo que había deseado a nadie en toda su vida y estaba decidido a conseguirla.


—Bueno, ¿empezamos a trabajar? —preguntó Miley.


¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué husmeaba en su cuarto?


—El archivo de Rawlings es el más urgente.
—¿Están las notas sobre tu reunión de ayer?


Miley intentaba concentrarse, aunque no le resultaba fácil en absoluto. Tenerlo allí, en su casa, sin previo aviso, la había puesto de los nervios.


Afortunadamente, no parecía estar coqueteando como en el restaurante.


Nerviosa, abrió uno de los archivos para echarle un vistazo, intentando no mirar al hombre que estaba sentado a su lado.


Nerviosa, abrió uno de los archivos para echarle un vistazo, intentando no mirar al hombre que estaba sentado a su lado.


—Intentamos hablar con Rawlings pero, como siempre, estaba fuera. Hablé con su ayudante y hay ciertas discrepancias. Por lo que sabemos, el negocio va sobre ruedas, así que, ¿dónde demonios está el dinero?
—¿Crees que ha habido desfalco?
—Me temo que sí.
—¿Y qué piensas hacer?
—Conseguir pruebas y despedirlo si es así.
—¿Y qué quieres que haga yo?
—Tenemos que escribir una carta. Algo que le dé a entender que me he dado cuenta de lo que pasa y no voy a parar hasta conseguir respuestas.


Nick estaba mirando su cuello. Con un mínimo esfuerzo podría inclinarse y besarlo. La camiseta ocultaba la curva de sus pechos, pero su imaginación podía aportar los detalles. Al recordar los pezones rosados se excitó. Tendría que pasar por su casa para darse una ducha fría antes de volver a la oficina.


—Si está robando dinero no quiero que se asuste y salga corriendo —siguió Nick, sin mirarla, para no complicar más las cosas—. Quiero pillarlo con las manos en la masa. Dime qué sugieres.


Miley tenía una cara preciosa, una cara que no necesitaba maquillaje. Era transparente, muy expresiva y la comparó con las caras de otras mujeres con las que había salido durante aquellos meses. Ninguna de ellas saldría de casa sin ponerse las pinturas de guerra.


—¿Y bien?
—¿Y bien qué? —repitió Nick, al darse cuenta de que Miley le había preguntado algo mientras él estaba especulando.
—¿No has oído nada de lo que he dicho? Entras aquí con un montón de archivos, a pesar de que estoy enferma... lo mínima que podrías hacer es escucharme, ¿no te parece?


Sabía en qué estaba pensando: en la rubia con la que estaba en el restaurante el día anterior. Y eso la irritaba.


—Claro que estaba escuchándote —replicó él, impaciente consigo mismo. Tenía que concentrarse.


Trabajaron en la carta y se quedó admirado al comprobar su habilidad para decirle a Rawlings con tacto, pero con seriedad, que necesitaban respuestas urgentes.


—Los otros dos archivos son asuntos normales. Y, de hecho, no corren tanta prisa —dijo Nick, levantándose—. Bueno, me marcho. Pero si quieres puedo hacerte algo de comer.
—No hace falta, gracias. Joe vendrá dentro de una hora.
—¿Deja el trabajo para venir a verte? Entonces esto es serio.
—Pues sí —. Me ha pedido que me case con él.


Nick estaba esperándola a la mañana siguiente. De hecho, llevaba trabajando desde las seis y media de la mañana. Pero no podía dejar de pensar en Miley.


No podía entender por qué, pero suponía que era porque ella estuvo en el momento que más necesitaba a alguien. La noche del funeral estaba hundido, furioso consigo mismo y con la vida y ahogado en alcohol. Y fue Miley quien lo consoló, quien lo hizo olvidar.


Las mujeres que la siguieron solo habían servido para recordarle el vacío de esas relaciones.
¿Era eso lo que buscaba? ¿Recordar el solaz que había encontrado en ella? ¿0 simplemente se había convertido en un reto?


Daba igual.


Cuando Miley le dijo que Joe le había pedido que se casara con él fue como si lo golpearan en el estómago.


Y Nick Jonas no aceptaba la derrota tan fácilmente. ¿Qué hombre de sangre caliente la aceptaría?


Cuando estaba mirando el reloj por enésima vez oyó la puerta del despacho de Miley.


—¿Cómo te encuentras?
—Mejor, gracias —sonrió ella—. Pensé que tenía la gripe, pero quizá solo había bebido demasiado. De ahí el dolor de cabeza. No estoy acostumbrada a beber.
—Ya, claro.
—Por cierto, ya he comprobado todos los archivos. ¿Quieres que le mande la carta a Rawlings por fax o prefieres que la envíe por correo electrónico?
—Tráeme una taza de café. Hablaremos de Rawlings cuando vuelvas.


Mientras esperaba, Nick se preguntó cuál sería su reacción a lo que iba a decirle. Sin embargo, a pesar de la proposición del tal Joe, Miley no llevaba anillo de compromiso.


De modo que la situación debía ser la siguiente, según sus cálculos: Joe le había propuesto matrimonio y Miley le había contestado que tenía que pensárselo, que necesitaba tiempo. Porque no estaba convencida.


Había imaginado todo aquello el día anterior, en su casa, dándole vueltas al asunto.


—Cierra la puerta, por favor —dijo cuando ella volvió al despacho.
—Había pensado empezar a trabajar en los resúmenes de final de mes, como siempre. Aunque las chicas de administración me han dicho que tienen dos secretarias de baja y, si te parece, podría echarles una mano.
—No.
—¿Perdona?
—Que no me parece.
—Ah. ¿Por qué?
—Porque a partir de mañana no estarás aquí para echarle una mano a nadie.


Miley lo miró, sin entender. ¿La estaba despidiendo? ¿Qué había hecho para que la
despidiese? ¿Era porque el día anterior no fue a trabajar?


Entonces se dio cuenta de cuánto significaba aquel trabajo para ella. Necesitaba estabilidad, necesitaba el dinero, pero no era solo eso. Era estar con Nick, verlo todos los días.


—¿Puedo preguntar por qué me despides?
—¿Despedirte? ¿Quién ha dicho nada de despedirte?
—Yo pensé que...
—No tengo intención de despedirte, todo lo contrario. Vendrás conmigo al hotel Tradewinds. Si 


Rawlings quiere evitarme le será imposible conmigo en el hotel. Y nos iremos mañana.


Ese era el plan. Tenía que salir de L.A, tenía que aclarar las cosas con Rawlings... y tenía que
hacer que Miley se alejara de Joe..


—¿Mañana? Pero...
—Lo sé, lo sé. Apenas te he dado tiempo. Iremos a California y, desde allí, tomaremos una avioneta. Será una jornada larga, pero espero que merezca la pena.
—Pero yo no puedo marcharme así como así, con apenas veinticuatro horas...
—Tienes el pasaporte en regia, ¿no?
—Sí, claro, pero...
—Solo será una semana. Y puedes marcharte a casa ahora mismo para hacer la maleta.
—Pero no puedo irme así como así...
—¿Por qué no? Joe lo entenderá, seguro. Tú me has dicho que es un hombre comprensivo.
—¿Y la ropa? ¿Qué tiempo hace en la isla, qué debo llevarme?
—Allí hace mucho calor, así que llévate ropa ligera. Tómate un par de horas para ir de
compras... y es una orden. Ya sabes: faldas, pantalones cortos, camisetas... y biquinis, claro. Además de las tres piscinas del hotel, la playa está a veinte metros.
—Pero, ¿no estaremos trabajando todo el día'?
—Trabajaremos, naturalmente, pero no todo el día. Y no habrá reuniones formales, de modo que no tienes que llevarte ningún traje de chaqueta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario