martes, 12 de junio de 2012

Huracan De Deseo- Capitulo 8


5 meses despues:




EL dia había empezado peor de lo normal. Miley perdió el tren de las siete y media y tuvo que esperar casi media hora para tomar el siguiente, que iba abarrotado de pasajeros.


Para rematar el desastre, le dolía un poco la garganta. Debía haber pillado un resfriado.
Así que no estaba de buen humor cuando por fin llegó a la oficina.


—Llegas tarde.


Nick había echado el sillón hacia atrás para poder estirar las piernas. Debía llevar horas en el despacho porque se había soltado la corbata y tenía la mesa llena de papeles.


—Lo siento. Perdí el tren de las siete y media y tuve que esperar el siguiente. ¿Quieres que te traiga el correo?
—No, por favor. Ven con el cuaderno.


A veces, el movimiento de su pelo corto, algún gesto, le hacían recordar lo que ocurrió 5 meses antes, cuando hicieron el amor allí, en el sofá de su despacho. Cada vez que eso ocurría se sentía desorientado, como si le faltara algo, pero no sabía qué.


—¿Vienes o no? —la llamó, irritado.
—Ya estoy aquí —contestó Miley, sorprendida por el tono.
—Si hoy no estás en condiciones de trabajar, será mejor que te tomes el día libre y llames a Terry.
—Estoy bien.
—¿Hay algo nuevo sobre el asunto Rawlings?


A pesar de que las cosas habían vuelto a la normalidad, Miley no podía mirarlo sin sentir emoción, anhelo... y muchos otros sentimientos prohibidos.


—Recibimos un fax ayer por la tarde. Lo dejé sobre tu escritorio.
—¿Qué decía?
—Otro descenso de beneficios. No explica por qué. La previsión optimista de siempre sobre los próximos 2 meses, pero ninguna explicación sobre las pérdidas.
—¿Has hablado con Rawlings personalmente?
—Lo llamé, pero no estaba en la oficina.
—¿Dónde estaba, de fiesta?
—No lo sé —contestó Miley, enfadada. ¿Por qué le hablaba con aquel tono autoritario?, se preguntó—. Quizá podríamos contratar un detective para que siguiera sus pasos día y noche.


Nick apartó la mirada. Sabía que estaba siendo innecesariamente agresivo, pero no podía evitarlo. La situación era tensa entre los dos desde aquella noche, 5 meses atrás.


Miley había visto un lado de é1 escondido para los demás, lo había visto vulnerable, vencido. Y no podía soportarlo.


Debería haberla trasladado a otro departamento. Podría haberle dado un aumento de sueldo para que el traslado fuera irresistible, pero cada vez que se imaginaba entrando en el despacho sin Miley se decía a sí mismo que no podía pasar sin ella, que era la mejor secretaria de la empresa y por eso la mantenía allí.


—No te pago para que seas sarcástica —replicó, tomando el fax de Rawlings—. Esto no tiene sentido. El hotel Tradewinds debería nadar en dinero. Está en una isla soleada, en medio del Caribe, con una situación política estable, con vuelos diarios... ¿qué demonios está pasando?
—Yo creo que Rawlings no juega limpio —dijo Miley.
—Debería haber solucionado esto yo mismo en lugar de enviar a Big Rob. Voy a llamarlo por teléfono...
—Muy bien —murmuró ella, dirigiéndose a la puerta.
—Quédate, quiero dictarte una carta cuando termine.


Miley se quedó con el cuaderno en la mano mientras Nick hablaba can el director financiero. Su inquietud se manifestaba en los golpecitos que daba sobre la mesa mientras hablaba. Por fin, colgó el teléfono y se echó hacia atrás en el sillón para dictarle la carta.


Componía el texto con precisión, sin necesidad de hacer revisiones. Era una de las pocas personas con suficiente claridad de pensamiento como para poder dictar sin errores.


Miley se levantó cuando terminaron y, sin querer, Nick miró sus pechos, escondidos bajo el cárdigan abrochado hasta el cuello. Irritado consigo mismo, apartó la mirada. 


Desde que ocurrió aquello no podía quitarse de la cabeza el recuerdo de sus pechos y el deseo de arrancarle el jersey y acariciarlos, tocarlos de nuevo, era insoportable. Tenía que probarse a sí mismo de una vez por todas que hacer el amor con ella no había sido tan extraordinario como pensaba. Tenía que saber que había sido una ilusión:


—Quiero que encargues un ramo de flores.
—¿Flores? —repitió ella.
—Ya me has oído. Flores.
—¿Qué tipo de flores?


Nick se encogió de hombros.


—No sé... ¿qué clase de flores le gustan a una mujer? ¿Rosas, violetas, orquídeas? Lo que quieras, pero que sea un ramo caro.
—¿Las flores llevarán una nota?


Miley sabía que hubo mujeres en la vida de Nick durante aquellos meses. Nick no había hecho ningún esfuerzo para esconder su vida amorosa, pero nunca hasta entonces la había involucrado a ella. Y eso la ponía enferma.


—Si, pon algo así como «gracias por los buenos ratos».
—«Gracias por los buenos ratos» —repitió ella—. ¿Algo más?
—¿Qué más se puede decir cuando termina una relación?
—Nada, supongo. ¿Eso es todo?
—¿Tienes prisa por marcharte? ¿Alguna reunión?
—No, solo mucho trabajo.
—Ah, por cierto, tengo una reunión con Big Rob esta tarde a las seis para ver qué demonios pasa en el hotel Tradewinds. Quiero que te quedes para tomar notas.
—Lo siento. No puedo


Nick levantó la cabeza, perplejo.


—¿Qué?
—Tengo planes para esta tarde.
—Pues tendrás que cancelarlos. Big se marcha mañana y quiero solucionar el asunto de Rawlings lo antes posible.
—Puedo pedirle a Terri que venga. Ella me pasará las notas mañana.
—¿Qué es eso tan importante que tienes que hacer? —preguntó Nick, levantándose. Con el rabillo del ojo la vio intentando buscar una respuesta, nerviosa—. Parte del acuerdo entre mi secretaria personal y yo es que tiene que trabajar fuera de las horas normales. Por eso ganas un sueldo tan exorbitante.
—Yo nunca te he defraudado, que yo sepa —replicó Miley—. Pero he quedado con una persona. Ha conseguido entradas para un musical y no quiero dejarle colgado.
—Ah, o sea que vas al teatro con un hombre.


Lo decía como si hubiera quedado para robar un banco. ¿Pensaba que él podía acostarse con todas las mujeres que quisiera, pero ella era, demasiado aburrida como para encontrar novio?

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